Desatender al interlocutor por los aparatos tecnológicos, el “Phubbing”

Estar frente a una persona -podría ser en un bar o en un restaurante- y que el interlocutor chequee permanentemente el móvil o, incluso, mantenga una conversación paralela por mensaje de texto, se volvió una situación bastante frecuente y, para la mayoría, molesta. Esto es el “phubbing”.

La práctica -que se podría considerar un efecto colateral del uso de smartphones- se masificó a tal punto que investigadores de Estados Unidos decidieron bautizarla: llamaron “phubbing” (término formado a partir de las palabras inglesas teléfono y desaire) al acto de menospreciar a quien acompaña en la velada por prestar más atención al celular u otros aparatos electrónicos que a su persona.

Este ‘mal hábito’ se propagó a partir de la posibilidad de mantenerse permanentemente conectado a Internet -de ahí su vinculación con los smartphone- y ya cuenta con varios detractores que a viva voz difunden sus quejas.

En las redes sociales se formaron grupos ‘anti-phubbing’ que lo igualan a otras actitudes consideradas de mala educación, como empezar a comer antes de que todos en la mesa hayan sido servidos o agarrar comida del plato de otros comensales.

Además, los detractores sostienen que la mayoría de los adolescentes prefiere comunicarse vía mensaje de texto, en detrimento de la conversación cara a cara. Y que el fenómeno amenaza con reducir las relaciones sociales.

De hecho, investigadores argentinos preocupados por la problemática del phubbing decidieron realizar un estudio con el fin de develar de qué manera el uso del smartphone incide en la comunicación cara a cara.

Para esto formaron un equipo multidisciplinario de científicos, que fueron liderados por Matías Lopez-Rosenfeld, del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la UBA (Universidad de Buenos Aires), y Mariano Sigman, del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Torcuato Di Tella.

Para la investigación se estudiaron a 700 parejas. Mientras que a unos se les indicaba que cuenten alguna historia a su interlocutor, a otros se le pedía que se distraigan con su teléfono en diferentes momentos. Luego debían responder un formulario valorando diferentes aspectos del proceso comunicativo.

“Hay información corporal llamada claves ostensivas, que nos dan información extra del mensaje y se expresa a través de gestos y posturas del cuerpo, y que ayudan a comunicar información. Con la interferencia del celular –o de otra pantalla o distracción– una parte de esas claves se pierden”, explicó Lopez-Rosenfeld.

Los expertos concluyeron que la desatención generada por el uso del smartphone incide en la percepción sobre la calidad de la historia contada. Aseguraron que afecta de igual modo tanto al que escucha como al que narra.

“El problema es cuando la herramienta se convierte en un vicio. El usuario debe ser consciente de que no puede estar disponible las 24 horas para todo el mundo. La tecnología es buena siempre que se la utilice correctamente”, afirma Alcides Aguirre, especialista en tecnología y sociedad.

En muchos casos el uso desmedido del smartphone también genera problemas de pareja, según se dedujo de una investigación a cargo de James Roberts, de la universidad de Baylor (EE.UU), que publicó la revista Computers in Human Behavior. El 46% de los encuestados respondió haberse sentido “ignorado” o “despreciado” por su pareja o compañero. Y el 22% afirmó que el uso del celular “había causado algún conflicto en sus relaciones”.

“Creo que la sociedad le va encontrando la vuelta y la solución a las cosas. Una vez habituados al nuevo aparato tecnológico se empieza a repensar y a debatir las formas apropiadas de uso”, señala Aguirre.

De hecho, algunos bares y restaurantes decidieron tomar partido sobre este asunto. Varios se sumaron a la iniciativa “anti-phubbing” ofreciendo descuentos a quienes apagaban o entregaban su celular durante el tiempo de permanencia en el lugar. Algunos añadieron carteles con mensajes en tono humorístico del estilo: “No tenemos WiFi, conversen entre ustedes”.

Al parecer, el ‘abuso’ de mensajes de texto o de conectividad comienza a ser cuestionado.

LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE NO VERBAL

Por otra parte, el psicólogo Albert Mehrabian enarboló una regla que denominó “7-38-55”, según la cual solo el 7% de lo que llega al interlocutor proviene de las palabras, el otro 38% tiene origen en la voz y el tono que se utilizan y el 55% restante proviene de lo que no se dice, del lenguaje corporal. El psicólogo aclara que su regla se aplica únicamente en conversaciones en las que las emociones y los sentimientos tienen lugar.

En sintonía con esta teoría se podría decir que en las comunicaciones vía mensajes de texto o por teléfono se pierden partes esenciales que hacen al diálogo. Sin embargo, cada vez son más quienes prefieren contactarse de esta manera.

Primero pasó con los teléfonos de tubo: en empresas privadas comenzó a ser más probable que atiendan una llamada telefónica a que reciban en persona. Lo mismo se fue dando en el ámbito personal: muchos empezaron a sentirse invadidos ante una visita sin previo aviso. De esta manera, la llamada telefónica se fue imponiendo como la forma aceptada para establecer un primer contacto con otro.

Con la aparición de los e-mails y la posibilidad de enviar mensajes de texto, la comunicación escrita fue ganando terreno frente a la oral. Las empresas o instituciones públicas empezaron a reclamar e-mails en detrimento de llamadas telefónicas. Y para relaciones informales, se consagraron como una de las vías de comunicación más aceptadas los mensajes de texto o por el chat de Facebook, sobre todo entre menores de 40. Llamar sin previo mensaje, sobre todo en primeros contactos, podría resultar invasivo.